Vida y obra de Juana de Arco

Por Leticia Pérez  

Juana de Arco es conocida después de su beatificación como una heroína francesa, nacida en Domrémy, al noreste de Francia, en el año 1412. Aunque Juana de Arco nace en el seno de una familia campesina acomodada, nunca aprendió a leer y a escribir, más sí aprendió las lecciones religiosas que le enseñó su madre, una fiel creyente del catolicismo.

Su infancia estuvo enmarcada por la Guerra de los Cien años, un sangriento conflicto bélico que enfrentó al príncipe Carlos, primogénito de Carlos VI de Francia, con Enrique VI de Inglaterra, en una lucha por el trono francés. La Guerra de los Cien años provocó la ocupación de una gran parte del norte de Francia por las tropas inglesas y borgoñonas.

Infancia

La historia de Juana de Arco empezó a sus trece años, cuando confesó haber visto de forma cercana a San Miguel, a Santa Catalina y a Santa Margarita, cuyas voces la exhortaban a llevar una vida devota al catolicismo y piadosa con su prójimo, las voces le decían “Tú debes salvar a la nación del rey”. Pocos años después el llamado cambió: La voz de Dios le adjudicó una misión nada fácil para una mujer campesina de su época: dirigir el ejército francés con dos metas específicas: coronar como rey al delfín Reims y expulsar a los ingleses invasores del país.

En 1428 emprendió su misión y viajó hasta Vaucouleurs con la intención de unirse a las tropas del príncipe Carlos, pero fue rechazada a pesar de sus múltiples intentos de lograr la aceptación del capitán a cargo. A los pocos meses, la situación se complicó y agravó notoriamente para Francia, ya que el asedio de la región de Orleans obligó Reims a refugiarse en Chinon. Juana acudió a esta localidad con una escolta otorgada por Roberto de Baudricourt, para informar a Carlos acerca del carácter de su misión.

Éste la hizo examinar por varios teólogos debido a su profunda desconfianza de quienes dicen estar en contacto con la palabra de Dios. Al fin, accedió a confiarle el mando de un ejército de cinco mil hombres gracias a la profecía de una derrota que Juana de Arco había advertido con anterioridad y a la capacidad de esta joven mujer de develar secretos del rey que eran imposibles de saber. Con este ejército, el 8 de mayo de 1429, Juana de Arco consiguió derrotar a los ingleses y levantar el cerco de Orleans. A partir de este momento la vida de Juana de Arco se convirtió en un éxito de estrategia militar, ya que realizó una serie de campañas victoriosas que franquearon al delfín el camino hacia Reims y permitieron su coronación como Carlos VII de Francia el 17 de julio de 1429. Fue convertida en heroína de la nación a la cortísima edad de 17 años.

Adultez

Al haber cumplido su meta, Juana de Arco dejó de oír sus voces interiores y pidió permiso para volver a casa, pero ante la insistencia de quienes le pedían que se quedara debido a su avasallante éxito, continuó combatiendo, primero defendiendo en el ataque contra París de septiembre de 1429, y luego en el asedio de Compiègne, donde fue capturada por los borgoñones el 24 de mayo de 1430.

Juana de Arco fue entregada a los ingleses, traicionada por los franceses y fue trasladada a Ruán, donde fue juzgada por un tribunal eclesiástico acusada de herejía, con el argumento de que las voces que le hablaban procedían del diablo, con lo cual se pretendía presentar a Carlos VII como seguidor de una bruja para desprestigiarlo. Tras un proceso inquisitorial de tres meses, fue declarada culpable de herejía y hechicería; pese a que ella había defendido siempre su inocencia, acabó por retractarse de sus afirmaciones, por lo que se permitió conmutar la sentencia de muerte inicial por la de cadena perpetua. Juana de Arco intentó apelar con el Papa, pero sus pedidos ni siquiera llegaron a él, ya que sus detractores se empeñaron en que esta joven heroína francesa quedara enterrada en la historia como una bruja, y una seguidora del diablo.

Días más tarde, recusó la abjuración y reafirmó el origen divino de las voces que oía, ya que no quería cometer el pecado de la mentira y de la negación de los santos que la acompañaron y guiaron a la victoria, por lo que fue condenada a la hoguera y ejecutada el 30 de mayo de 1431 en Ruán. Fue quemada en la hoguera, donde murió rezando, a la corta edad de 19 años. Se dice que las personas que asistieron a la ejecución declamaban “Hoy hemos puesto a una santa en la hoguera.”

Beatificación

23 años después, en el año 1456, Juana de Arco fue rehabilitada solemnemente por el papa Calixto III gracias a las insistencias de su madre y sus hermanos por reabrir el caso, a instancias de Carlos VII, quien promovió la revisión del proceso con una comisión de juristas, quienes declararon que la sentencia de Juana de Arco fue una injusticia. Después de esto, Juana de Arco fue considerada una mártir y convertida en el símbolo de la unidad y la lucha francesa. Fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920, por el Papa Benedicto XV, el mismo año en que Francia la proclamó su patrona.



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